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Confesión: necesidad humana, sacramento divino

agosto 29, 2010

Descargar nuestros corazones de pesos como son las culpas  es una necesidad muy humana, y algunos, humanamente también, necesitan pedir perdón al afectado, pero por su condición de hombres nunca habrá certeza de que se logró el objetivo y que todo está de nuevo en orden, casi siempre quedarán las marcas.

A los cristianos todos, Jesús nos dejó el sacramento de la Confesión de los pecados como un don de la Redención, es uno de los 7 sacramentos salidos de su costado abierto, pero instituídos antes de la Ascención.

Es muy rechazado por algunos que no conocen lo liberador que es presentarse ante ese tribunal en que me acuso sin fiscales, me oye el propio Jesús en la persona del sacerdote que me  perdonará en primera persona….”EGO TE ABSOLVO PECCATA TUA”, porque en ese momento actúa in persona Christi, por el poder de perdonar en su Nombre que les otorgó. Sólo Dios tiene poder para perdonar los pecados.

Donde se ha abandonado la confesión han aumentado  las visitas a los psicólogos y psiquiatras, pero hay quienes llegan al confesonario buscando una consulta médica y no es el objetivo del sacramento ni el lugar para ello. Cada cosa en su ámbito propio pues médicos hay muchos. Médicos de almas, pocos,  y los pacientes necesitados de ellos demasiados, ¡todo el mundo!

Visión sobrenatural. Precisando un poco

octubre 28, 2009

Hablábamos de llevar todo a Dios. Más bien debemos decir ver a Dios en todo pues nada le es ajeno salvo el pecado, y éste lo presencia y debemos estar concientes de eso también, con visión sobrenatural y temor de Dios (ya hablaremos de este asunto, “piano, piano è va lontano”).

Todo está bajo el control de nuestro Padre Dios y a eso le llamamos PROVIDENCIA DIVINA. Nada se le escapa, y si nos acontecen males de acuerdo a nuestra visión humana, Él es suficientemente grande y omnipotente como para sacar bien de esos acontecimientos; bienes para la eternidad a que nos tiene destinados, y hay que aprender a verlo así. No es fácil,  hay que ejercitarse, y de pronto lo vamos descubriendo detrás de cada acontecimiento, “bueno” o “malo”, que lo serán en uno u otro sentido en la medida que sirvan o no para los planes de Dios, su gloria y nuestra dicha inmortal.

Pregúntate: ¿Lo quieres tú, Señor? ¡entonces yo también lo quiero!

De san Josemaría:

¡Visión sobrenatural! ¡Calma! ¡Paz! Mira así las cosas, las personas y los sucesos…, con ojos de eternidad.

Entonces, cualquier muro que te cierre el paso —aunque, humanamente hablando, sea imponente—, en cuanto alces los ojos de veras al Cielo, ¡qué poca cosa es!

Forja #996

Marita

Orden= Eficacia.

octubre 9, 2009

Parecen canciones de moda los estribillos que oímos en forma permanente: “estoy liada”, dicen las españolas; “corro todo el día y no me alcanza el tiempo”, decimos las chilenas y es que pareciera que la vida no da para tantas ocupaciones como las que tenemos hoy, y agradecidas de tener ayuda tecnológica para las labores que antes ocupaban media vida, porque ¿quién tiene que ir al pozo a buscar agua? o, ¿quién lava pañales en estos días? y ni pensar en ir a buscar agua al pozo para lavar pañales….¡inimaginable! y sin embargo, el agobio es la tónica, el denominador común.

¿Qué pasa?

Pasan muchas cosas, pero me quedaré con una que explica -me explica a mi, al menos– estos síntomas y es que nos falta ORDEN.

Necesitamos  orden en la cabeza para poner orden en el quehacer, y ser más eficaces en lo que emprendamos, también en el apostolado.

“El orden provoca eficacia en lo exterior y paz en lo interior” ha dicho alguien muy bien dicho. Lo malo es que no recuerdo su nombre (si alguna vez lo supe), pero es verdad.

San Josemaría Escrivá ha dicho en el punto 80 de Camino: “Cuando tengas orden se multiplicará tu tiempo, y, por tanto, podrás dar más gloria a Dios, trabajando más en su servicio”

Se me ocurrió escribir sobre esta virtud porque es notable su carencia en mi vida.

Vivo apurada, improvisando, y luego arreglando los desastres dejados por mi precipitación. No hablo desde un coro angélico sino desde el revoltijo de mis cosas pendientes, retrasadas u olvidadas.

Para ayudarnos todos retomo un viejo propósito y es reflexionar –que ya es orden y lleva a ella– y con visión sobrenatural preguntarnos ¡y ANOTARRRRRRRRRRR!:

  1. ¿Qué DEBO hacer?
  2. ¿Qué PUEDO hacer?
  3. Si no alcanzo a todo, ¿qué debo dejar?

Es un modo de priorizar como hay otros, pero este me ha servido antes y me servirá de nuevo. Lo comparto con Uds.

Marita

Estrella-2

septiembre 27, 2009

Un día Estrella se sintió mal.

Después de muchas pruebas médicas le diagnosticaron una de esas enfermedades mortíferas de las que se dan solo 20 en todo el Mundo.

No supo explicarme por qué ni cómo, lo que sí me dijo es que su novio y ella decidieron cambiar de vida y acudir a la Misa del domingo.

Él se hizo de un grupo de amigos en el que ella  fue entrando  poco a poco. Amigos que les hicieron mucho bien.

Pocos años después se casaron y alternaron vida y trabajo con operaciones múltiples que la iban apagando.

Estrella era supernumeraria del Opus Dei.

Coincidimos en una convivencia-medio de formación donde se estudian asignaturas varias-hace un par de veranos.

No tenía treinta años. Estaba serena, agradecida por su vocación, feliz con su marido y entregada a lo que Dios quisiera.

Creía firmemente que hay vida, después de esta vida terrena. Una vida, donde el mismo Dios nos espera.

Nos despedimos en agosto.

En diciembre me comunicaron que no había sobrevivido a su última operación.

Le llamo Estrella porque sin duda es una luz hermosa  que habita el Cielo.

Tinta

Tomo, el japonés

septiembre 25, 2009

Tomo, el japonés amigo de mi hermano se está muriendo en estos momentos. Puede ser hoy o esta semana, pero será, y pronto.

No es japonés de las islas orientales, sino chileno hijo de japoneses, con poca formación y ninguna práctica religiosa. Bautizado, eso sí, y pare de contar.

Tomo tuvo la suerte de tener como amigos a mi  hermano y a Andrés, que se han preocupado de convencerlo de “arreglarse con su acreedor por el camino” como dice el evangelio por ahí, y después de mucho rezar y conversar con el enfermo la han logrado y ya está listo para presentarse ante el Señor.

La felicidad de haber cumplido el deber más grande que se tiene con los amigos va a mitigar la pena de los que quedamos, y definitivamente será el motivo de felicidad eterna de este hombre que está en la sala de espera para encontrarse con Jesús, su Juez, Legislador y Rey que lo ha amado siempre y lo espera.

Aprovecho esta entrada para pedir al Señor de la Mies que envíe operarios, pues costó casi dos días conseguir un sacerdote que pudiera ir a la clínica a atender a este moribundo.

Marita