Posts Tagged ‘Mortificación’

La caridad más básica es la buena educación

julio 16, 2010

¡Que tenga un buen día! me han dicho, y ya lo voy teniendo. ¿Se siente bien, señora? he preguntado, y me he sentido mejor yo.

Se han saludado dos desconocidos en el escensor, y me he  alegrado de ver que al menos el estar codo a codo en un recinto mínimo, compartiendo unos  segundos de viaje ha hecho que se recuperara, por un vez,  la entrañable costumbre de saludarse con los congéneres -otros seres humanos- con que nos topamos.

¿Es tan difícil? ¿qué nos pasa? si hasta en misa, cuando nos dan la paz, algunas personas no miran a los ojos y te pasan una especie de pata de pollo de supermercado, fría, lacia y sin fuerzas para un saludo que debiera ser afectuoso con quienes compartimos la fe.

Intentémoslo. Comencemos nosotros a sonreír, que es mortificación gozosa y de probados frutos. Poco a poco se nos subirán de modo natural las comisuras de los labios y agradaremos más a Dios.

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Oración de mi nariz

diciembre 1, 2009

Todo debe ser oración: el trabajo y el descanso; hablar con Dios gustosa y serenamente y no poder hacerlo -formalmente- por las complicaciones de la jornada, por más que se hayan puesto los medios y todo nuestro ser desee un minuto de solaz tratando a solas con el Señor. Todo se puede llevar a Dios y es oración.

Con esa lógica, hoy, que lo único que puedo hacer es estornudar y mover  la nariz para allá y para acá porque me pica mucho por una alergia, debe ser oración también, pues la ofrezco junto con mi poca capacidad de concentración. ¿Por qué no?  Es mortificante y la mortificación es llamada también “oración del cuerpo”

Recordatorio: hoy es el segundo día de la novena a la Inmaculada

Marita

Mortificación cristiana

noviembre 6, 2009

Mortificación de Madre Teresa

A nuestra naturaleza le repugna el dolor,  lo rechazamos y hacemos lo posible por postergarlo, eliminarlo, o hacerlo menor, pero está ahí, a nuestro lado y hay que sacarle provecho, que para eso Dios encarnado nos vino a mostrar el camino. Algo de ésto hablábamos aquí*.

El dolor llegará sin falta -si ya no lo tenemos instalado en nuestro entorno- llegará a nuestra vida y hay que estar preparados con un entrenamiento continuo en este “arte” de saber sufrir cristianamente, y para eso tenemos las prácticas de mortificación que  ya aparecen descritas, aceptadas y buscadas desde el Antiguo Testamento  y los cristianos las hemos practicado siempre… o debiéramos.

No pensemos en cosas extraordinarias -las hay, pero no para cualquiera- sino en lo que nos toca cada día, y para ir entrando en el tema que será tocado muchas veces en este sitio, te sugiero leer este trocito del punto #138 de Amigos de Dios de san Josemaría. Propone y enseña a practicar el mejor tipo de mortificación, esa que no molesta a los demás y que apunta a la caridad con el prójimo.

Marita

Dolor

noviembre 3, 2009

Dolor siempre vamos a tener. Desde el pecado de Adán y Eva lo tenemos garantizado por el Señor que los expulsó del Paraíso pero no los abandonó; es que es un padrazo, de esos que castigan porque es su deber de formadores pero sufriendo más que los castigados, porque nos ama con locura.

El dolor viene, no avisa. Puede pasar, pero suele instalarse indefinidamente con una intensidad variable, y , sea lo que sea que nos toque, debemos aceptarlo y asumirlo como venido de Dios, que si bien no siempre es el que lo provoca en forma directa -una guerra, por ejemplo- siempre tolera sus efectos porque Él está ahí con su Providencia, para sacar bien del mal. Mudar el mal en bien es una de las garantías de que realmente es Todopoderoso y debemos depositar nuestra confianza en que es así.

Jesús, al asumir nuestra naturaleza y sufrir, no lo hizo para evitarnos el dolor, sino para que lo suframos de otro modo, uniéndolo a su cruz para que sea un dolor glorificado, que santifica, que es corredentor: “completo en mi carne lo que falta a las tribulaciones de Cristo, en favor de su Cuerpo, que es la Iglesia” (Col 1, 24).

Marita