Constatando hechos: la confesión está de moda

Una de las cosas inherentes al verano amén de calor, los mosquitos y los turistas es el movimiento.

Nos movemos y …los que frecuentamos la Misa diaria-no por mejores sino precisamente por necesitados-acudimos allá donde estemos, a iglesias distintas de las habituales.

Y este es el hecho que constato: la gente confiesa por un tubo-expresión española que viene a significar “mucho”- No es que seamos más pecadores, que posiblemente sí, por aquello de que el ocio da lugar a ciertos excesos contenidos en periodos laborables, sino que la gente necesita de la confesión.

Me ha llamado la atención observar cómo, al efecto llamada de un sacerdote revestido que se sienta en el confesionario, la cola se forma automáticamente. ¿Por qué?

Fundamentalmente porque para confesar es necesario que haya un sacerdote confesando y por ende, que las criaturas sientan necesidad de pedir perdón a Dios.

El movimiento es grácil y fluido: hombres y mujeres se arrodillan, confiesan y salen reconfortados porque Dios siempre perdona. ¿El único requisito? Que le pidamos perdón.

A modo de anécdota comento lo bien que lo pasé hace cuestión de dos semanas escuchando las carcajadas de una señora que estaba confesando-el sacerdote también reía aunque más contenido-y pensé “qué lástima que la iglesia no esté más llena para que la gente compruebe que confesar da mucha alegría”.

Tinta

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3 comentarios para “Constatando hechos: la confesión está de moda”

  1. Marita Dice:

    Hoy hice una cola y después de 45 minutos, el sacerdote no llegó….no podía esperar más y lo lamento, pero aproveché el tiempo rezando. ¡Omnia in bonum!
    Saludos

  2. Al Neri Dice:

    Qué curioso, yo percibo justo todo lo contrario. La gente cada día se confiesa muchísimo menos. La gente ya no reconoce como pecados muchas cosas que hace o bien llega un momento en que no tiene ninguna intención de dejar de cometer esos pecados. También es llamativo el bajón en la asistencia a la Eucaristía (sobre todo en vacaciones de verano) y cómo la media de edad de los que siguen asistiendo es cada vez más alta.
    Yo voy a Misa a diferentes iglesias de mi ciudad. Me gusta cambiar paraz ver los diferentes ambientes y temperaturas, y llevo constatando este hecho desde hace ya unos años. No es malo, ni tiene por qué incitar al desaliento, reconocerlo abiertamente.

  3. Al Neri Dice:

    Eso sí, de los que siguen yendo a Misa, lógicamente se he incrementado el porcentaje de los que confiesan y comulgan.

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